Autoexigencia: cuando hacer las cosas bien nunca se siente suficiente
Haz memoria de la última vez que lograste algo que llevabas tiempo persiguiendo. Y sé honesto sobre lo que pasó dentro de ti las horas siguientes: un alivio breve, quizá unas horas de satisfacción discreta, y enseguida el movimiento que conoces de memoria: «bueno, esto en realidad no era tan difícil». Antes de un día, la meta cumplida ya no contaba, y en su lugar había otra, más alta, con la misma cara de siempre: la de lo que todavía falta.
Esa es la vara que siempre sube. Tienes estándares —eso está bien— pero los tuyos tienen una avería: se autoincrementan. Lo que ayer era tu meta hoy es tu piso. Por eso tu historia está llena de logros y vacía de llegadas; por eso el éxito te produce alivio en vez de alegría; por eso ningún reconocimiento ha curado la sensación de insuficiencia. La avería no está en tus resultados. Está en el instrumento que los mide.
Este libro desmonta ese instrumento con método clínico: el crítico interior y de quién es su voz, el perfeccionismo como miedo con corbata, la ecuación que lo financia todo —vales lo que logras—, y el camino de vuelta: lo suficientemente bueno, la voz del entrenador, el permiso de fallar, y una excelencia que por fin sea tuya.
Ya eras suficiente antes de empezar. Lo demás es cosecha sobre tierra firme. Quinto volumen de la serie «El costo de ser fuerte».







