Los Primeros Otros: Guardería, hermanos, celos y el descubrimiento de que existen más personas
«Volvió a pedir pañal justo cuando nació su hermano.»
Es la escena con la que empieza este libro, y casi todo el mundo la lee mal. Un niño que vuelve atrás cuando llega un hermano no está retrocediendo ni manipulando: está comprobando si lo que consigue el que acaba de llegar sigue estando disponible para él.
En el centro hay una distinción que ordena el libro: compartir y ceder no son lo mismo. Un niño de tres años puede aprender a turnarse mucho antes de poder renunciar sin ayuda, y casi todo lo que se le pide es lo segundo.
Qué encontrarás dentro. Quince capítulos, cada uno con una pregunta por título: si son celos o es miedo a que ya no haya lugar para él, si una madre puede admitir que no le alcanza para dos hijos sin sentirse monstruosa, cuánto pesa que a un niño de cuatro años le pidan de pronto ser el grande, adónde va la culpa de haberle cambiado la vida a alguien sin avisarle, y cómo se reparte la atención cuando uno pide más que el otro.
Qué no vas a encontrar. No es un manual de adaptación escolar ni un método para evitar los celos. No existe ninguno, y la etapa no se evita: se atraviesa. Y no hay ninguna cifra: ni a qué edad debería compartir, ni cuánto tiene que durar una adaptación.
Y dos capítulos que no tratan de los niños. El tercero y el octavo se ocupan de dos pensamientos que casi nadie dice en voz alta, y que son de los más frecuentes de esta etapa.
Para quién es. Para quien tiene un hijo que volvió atrás.
Para quien no ve celos y ha concluido que lo lleva bien. Para quien tiene en casa a alguien que no da problemas y lo agradece varias veces al día. Todas las herramientas traen versión para quien cría sin nadie al lado.
Octavo volumen de Los años que no se recuerdan.






